Experiencia de [email protected]: María José Márquez Aboza

Soy María José, voluntaria en la asociación desde hace cuatro años, en diferentes actividades dentro del servicio de ocio. No tenía ninguna vinculación con el entorno de los chicos con TEA, ni profesionalmente ni en mi vida personal me había encontrado nunca con una persona con autismo.

Recalé en la asociación de forma totalmente casual. Desde hacía tiempo me llamaba la idea de invertir un poco del tiempo del que ahora dispongo en ayudar en algo a alguien que lo necesitara. El voluntariado me atrajo desde joven y tenía claro que sería algo relacionado con la infancia o la salud mental, quizás por sentirme especialmente sensible a estas cuestiones al ser madre de un chico que padeció de niño un fuerte TDA-H, y de algún modo tengo la experiencia directa de una realidad que aunque muy diferente, también estigmatiza y causa sufrimiento tanto a los afectados como a sus familias.

Pero aún así no me decidía a dar el paso. Y fue un día, o varios, que dando mi paseo de cada tarde pasé por la puerta de la sede de Autismo Sevilla y me decidí, me puse en contacto con la oficina del voluntariado de la Universidad de Sevilla (empresa en la que trabajo) y ellos me dieron el contacto de la asociación para ofrecerme como voluntaria. Dicho y hecho, tuve una entrevista con Sergio, me inscribí en el curso de Introducción al TEA, que me sirvió muchísimo ya que era una total desconocedora del tema, y fui a mi primer día con los chicos en clase de bici y de cocina. Para mí fue una experiencia muy gratificante, recuerdo de aquellos primeros días que me costaba no abrazarlos y darles mimos; dejarme abrazar por R, en bici, con sus enormes ojos y su carilla de pillo, me costaba no seguirle la conversación a C, en cocina, con esa ecolalia interminable, o no asustarme con los gritos y los saltos de V, o no asombrarme con las extraordinarias habilidades numéricas de F. Para mí era todo tan desconocido e impactante.

Pero fui aprendiendo poco a poco a relacionarme con ellos, a entender sus necesidades y a comunicarme, gracias a la ayuda de las monitoras con las que trabajé y su gran profesionalidad y alegría. Por motivos de horarios, el curso pasado me pasé a los «cafelitos». Este curso repito y la verdad es que estoy encantada; las dos horas que se supone que altruistamente les dedico a los chicos son en realidad un bálsamo para mí, me ayudan a valorar la realidad que me rodea, me transmiten fuerza de voluntad y muchas ganas de vivir y de superarse, aunque parezca un tópico porque todo el mundo lo dice, a mí me dan mucho más de lo que yo les doy, una lección de vida y de cariño todas las semanas que no me perdería por nada. No sé si seré una de las voluntarias más antiguas de la asociación (la mayor seguro que sí ) pero lo que sí sé es que me he aficionado y no lo pienso dejar.

¡Esto engancha mucho!

Si estáis interesados en ser [email protected] tan solo tenéis que escribir un correo a [email protected]

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