Experiencia de [email protected]: Olga

Mi nombre es Olga, tengo 23 años y estudio Trabajo Social. Mi primer contacto con Autismo Sevilla fue en 2018. Paseando una mañana por la universidad me encontré con un pasillo lleno de estands de diversas asociaciones y entidades que promovían el voluntariado.

Después de conocer la maravillosa labor que llevan a cabo en Autismo Sevilla, las numerosas actividades que realizan y del buen trato que recibí por parte de los voluntarios y profesionales que trabajaban en el estand, decidí que quería formar parte de esta comunidad.

Comencé a ser voluntaria en el Taller de Cocina, una de las actividades que incluye el servicio de ocio, y en el que hoy en día aún sigo participando todos los lunes. Allí conocí a David y ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Reconozco que el primer día estaba increíblemente nerviosa, no sabía cómo relacionarme con él y con los demás chicos y chicas que participaban en el taller, pues era mi primer contacto con personas con TEA.

La ayuda y apoyo que me ofrecieron las profesionales y demás voluntarias que entonces formaban parte del taller fue tremendamente valiosa y esencial para mí, y les estaré por siempre agradecida.

Poco a poco fui conociendo el mundo de David. Aprender a comunicarnos, a trabajar juntos, a respetar sus tiempos, a entender sus acciones antes que sus palabras, ha sido un proceso largo y muy bonito y especial. Ya no concibo mis lunes sin él, y sin duda han pasado a ser mi día favorito de la semana.

Ese mismo curso participé en el Campamento Urbano de Verano que se desarrolla durante el mes de julio. Otra experiencia increíble que me dio la oportunidad de conocer nuevos usuarios, profesionales y voluntarios, de compartir momentos estupendos, y de seguir aprendiendo sobre el TEA. Sumado a todas estas experiencias, una herramienta que me facilitó muchísimo el ampliar mi conocimiento sobre el autismo fue el Curso Introductorio a los TEA. Después de asistir al curso pude relacionar la teoría que había aprendido con la práctica que llevaba a cabo y entendí muchas dinámicas que se producían con los usuarios y que, hasta entonces, no había sido consciente de ellas.

Después de cuatro años, continúo participando y aprendiendo con las mismas ganas e ilusión que el primer día. Me siento muy feliz por poder formar parte de esta comunidad azulada, y agradezco a la entidad, a sus maravillosos profesionales, a los voluntarios y voluntarias tan estupendos que he conocido, a las encantadoras familias y, por supuesto, a los chicos y chicas que hacen que desee que esta inolvidable experiencia dure muchos años más.

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